martes, 17 de noviembre de 2015

EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA (Revista Prespectiva Teologica 2013)


Por

John Edison Rengifo Gómez


INTRODUCCIÓN

La unión de los seres de distinto sexo para procrear es un hecho que responde a la naturaleza humana y aun hasta la especie animal. El carácter espiritual del hombre le da a esta unión un sentido especial.  Hombre y mujer establecen un vínculo estable, constituyen una comunidad, a través de la cual se satisfaga el  apetito moral propio de los padres de educar a los hijos, de verse prolongados en ellos, de saltar, a través de su descendencia, las fronteras temporales de su propia vida. Todo esto como es un privilegio que nuestro creador nos dejo como hijos suyos.
A pesar, que Dios desde la creación, por medio del libro de     Génesis nos muestra el plan de una familia a través del vínculo del matrimonio, que debía llevar su bendición por el resto de la humanidad. Hoy día nuestro entorno nos muestra algo diferente, vemos como la cosmovisión hacia la familia se ha confundido hasta tal punto que la sociedad nos muestra un grupo de familias con una cantidad de problemas que ni ellos mismos están capacitados para resolver, ¿Por qué? Porque nadie nos enseño a ser esposo o esposa a ser madre o padre y menos a ser hijos.
El problema no es solo esto, sino que a pesar de la ignorancia de la humanidad acerca de este tema, muchas personas, y digo muchas porque no deseo entrar a hablar específicamente de un grupo, pero cada quien sabrá si estas palabras aplican a él o a su grupo. Estas personas han querido hacer a un lado lo único que puede hacer que la familia funcione y es su creador, todos los seres humanos y en especial los casados debemos volvernos a Dios para que nuestra familia y nuestro matrimonio tenga un verdadero sentido y una verdadera meta.
Para hacer esto, debemos conocer los orígenes del matrimonio desde su punto de vista Bíblico o Divino, seguido de su evolución a través de su iglesia y del tiempo, hasta llegar a ser hoy día una creencia para nuestra iglesia. Pues tristemente esta creencia ha sido golpeada por el ser humano, haciendo de ella algo sin importancia, llevándoles a tomar decisiones de divorcio sin razones valederas, así como lo expresa Gary cuando dice que “legalmente pueden existir numerosas razones para divorciarse… En contraste con la Biblia posee una colección más limitada de requerimientos y da solo dos razones para el divorcio”[1] que son la muerte y el adulterio.  Con esta idea en mente podremos comenzar esta investigación histórica del matrimonio y la familia en la Iglesia Adventista Del Séptimo Día.

CAPITULO I

ORIGEN DIVINO DEL MATRMONIO Y LA FAMILIA

Dios y la primera familia en el Edén
               
Vivimos un deterioro dramático de la familia. Las leyes impías que se han  aprobado en nuestro país han acelerado esta disolución. Leyes tales como el matrimonio homosexual, llamando familia a la unión entre dos hombres o dos mujeres, cosa que no ha ocurrido nunca antes  en la Historia de la Humanidad. El divorcio exprés, que permite acelerar la disolución del matrimonio sin dar lugar al tiempo de reflexión contemplado anteriormente y que puede realizarse sin ningún motivo y por la petición de uno solo de los cónyuges. La familia natural ha pasado a ser una especie en peligro de extinción. El deterioro también ocurre entre los cristianos, en EE.UU. el porcentaje de divorcios es el mismo entre creyentes o incrédulos. El aborto libre en los tres primeros meses de embarazo desde la edad de 16 años y sin consentimiento paterno. La píldora del día después que se usa como método anticonceptivo. Todas estas leyes impías van dirigidas contra la institución de la familia, por tanto, contra la voluntad de Dios. Nuestro gobierno es un gobierno que actúa contra la ley natural, contra la ley moral y se coloca en lugar de Dios legislando sobre el bien y el mal, lo que es bueno y lo que es malo olvidando lo que dice el Salomón en (Proverbios, 14:34) “la justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones”[2]
Ahora es menester que recordemos que la familia es creación y voluntad de Dios como lo expresa en (Gen. 1:26,27; 2:22-24) al igual que lo expresa en  (Pr.18:22) cuando enseña que “el que halla esposa halla el bien y alcanza la benevolencia de jehová” esto lo que mas resalta es la importancia de tal principio, que para Dios el que logra hacerlo encuentra su benevolencia. Además el Señor no creo seres para que estuvieran solos pues así lo expresa en (Ecl. 4:9-12) cuando dice que “mejores son dos que uno”. Recordemos que Dios escogió una familia: Abrahán y Sara para bendecir a todas las familias de la tierra como lo expresa (Hch. 3:25-26). Dios pide fidelidad al pacto familiar así lo manifiesta a través del profeta (Mal.2:14-16) “…Guardaos pues, en  vuestro espíritu y no seas desleales para con la mujer de vuestra juventud” Y por ultimo el señor nos enseña que Cristo y la iglesia son  una familia para la eternidad según (Ef. 5) y (Ap.19).
Todo esto nos muestra que Dios creo la familia con orden primero creo al hombre del hombre salió la mujer y de la mujer y el hombre salieron lo hijos. Así fue desde el principio como lo expresa Larry cuando dice que “cuando establecemos el orden Divino en nuestro hogar, esto crea una atmosfera en la cual Jesús se siente en casa; el Espíritu Santo puede entonces hacer su trabajo de enseñarnos y guiarnos a la clase de vida familiar para la cual Dios nos creo" [3] para esto debemos recordar el orden como lo expreso el señor en su palabra, Cristo la cabeza del esposo que es señor de la familia, el esposo cabeza de la esposa, que es la principal autoridad sobre los hijos y la esposa la ayuda idónea del esposo y autoridad secundaria sobre los hijos. Si el ser humano se concentra en trabajar el orden divino muchos de los problemas que hoy tiene los hogares no serian problemas.

 

Dios como Creador del primer matrimonio y la primera familia

En el libro de (Gen. 1:27) nos muestra que fue Dios quien creo, “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.
El designio de Dios sobre el matrimonio y la familia no es un designio formal, genérico y de rasgos confusos y, por tanto, irreconocible, sino que es un designio profundamente unitario y que tiene como dos pilares fundamentales respecto a su contenido. El primero es que la verdad del matrimonio está vinculada a la verdad de la persona humana creada como varón y mujer, y destinada a entrar en la plena posesión de la propia humanidad a través de la comunión recíproca del don propio del amor conyugal. De este modo, donde el matrimonio no es estimado la persona humana es insidiada y, viceversa, donde la persona no es apreciada en toda su hondura, el matrimonio es vilipendiado. Si todos los seres humanos hemos de participar del matrimonio deberíamos tener en cuenta que Dios es el que coloca las reglas.
Recordemos que el matrimonio viene de Dios y por tal motivo es de respeto así como lo expresa Denis cuando dice que “La idea del matrimonio nació en la mente de Dios”[4]. Y eso ningún ser humano debería olvidarlo nunca, ni tratar de cambiarlo.
El propósito de la creación del primer matrimonio

El primer punto de vista popular es que Dios creó el matrimonio para compañerismo. Dios sí dijo, “No es bueno que el hombre esté solo,” pero el motivo que dio fue que Adán necesitaba una ayuda. Adán estaba solo: incompleto, pero no se sentía solo. Necesitaba una ayuda–una mujer. El segundo punto de vista popular del matrimonio cristiano se puede llamar “Intimidad.” La teología de la intimidad va un paso más allá de la teología del compañerismo. Pero una cosa es hablar con entusiasmo del romance, y otra cosa es demostrar que el romance es el motivo del matrimonio. Esto es lo que dice la teología del romance, al quitarle todo menos lo estrictamente esencial.
El romance es la flor del matrimonio, no la raíz. Es hermoso; es un regalo de Dios, pero el matrimonio puede sobrevivir sin ello. Y, de hecho, el intento de convertir un matrimonio perfectamente bueno en uno que sea íntimo, ha causado muchos, muchos divorcios. El matrimonio íntimo no es bíblico. Insiste en que el placer y la emoción son el motivo para la existencia del matrimonio. El último punto de vista popular del matrimonio es el contrato social. Según la teoría del matrimonio de contrato, es vital que cada pareja tanto reciba como dé.
El problema con estos tres puntos de vista del matrimonio – compañerismo, intimidad, y contrato – es que todos se centran en el “yo.” Si la necesidad en cuestión no está siendo suplida, o se puede suplir por otro lado, entonces desaparece todo el motivo para matrimonio. No creo que la Biblia enseñe que el matrimonio sea para mí, ni siquiera para nosotros. Entonces, ¿para qué es?
Dios dio a Eva a Adán para que fuera su ayuda. ¿Por qué? Porque a Adán se le había asignado una tarea. Dios les dijo, “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla.” Sin Eva, de ninguna manera podía Adán ser fructífero y multiplicarse. Tampoco podía Adán, por sí solo, llenar la tierra. Se necesitaba a Eva para que la pareja diera fruto. El motivo bíblico para el matrimonio es producir fruto para Dios. El matrimonio es para producir hijos y hacer la tierra fructífera para Dios. En otras palabras, el matrimonio cristiano se centra en Dios (produciendo lo que Dios quiere) en vez de centrarse en mí o nosotros (cumpliendo mis o nuestros deseos).
                Así como le manifiesta el señor Luis cuando Expresa que “El propósito de Dios  es hacernos semejantes a Cristo con  el fin  de crear una gran humanidad redimida y glorificada sobre la cual él va a reinar y tener la preminencia para siempre.”[5] Si los seres humanos centráramos todos lo esfuerzos de buscar a Dios y cumplir sus mandatados el enemigo no estaría a solando nuestros hogares.



[1] Gary Collins, Consejería Cristiana Efectiva (Michigan: Editorial Portavoz, 1992), 139
[2] A menos que se indique lo contrario, en este trabajo usaremos la biblia: R.V (Versión Reina Valera de 1960)
[3] Larry Christenson, La Familia Cristiana (Minnesota: Grupo Nelson, 1992), 18
[4] Denis Aguilar, La Ruta Del Éxito (Nicaragua: Libros En Red, 2005),17
[5] John MacArthur , romanos (Michigan: Editorial Porta Voz, 2010), 549

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